Desmantelar el patriarcado para cambiar el sistema

Amigos de la Tierra Internacional

Creemos que desmantelar el patriarcado internamente y en el mundo en general solo es posible si construimos una comprensión compartida de su naturaleza.

Nuestras sociedades se han organizado principalmente para maximizar la acumulación de capital para el beneficio y privilegio de las élites y las empresas a través de la mercantilización de la naturaleza y nuestros territorios, el control sobre las mujeres y sus cuerpos y la apropiación de la fuerza de trabajo de los/as trabajadores/as y las mujeres.

Esta explotación histórica y permanente es posible mediante la reproducción de estructuras de opresión que se refuerzan mutuamente: el patriarcado, el capitalismo, la opresión de clase, el racismo, el (neo) colonialismo y la heteronormatividad.

El patriarcado es el sistema que beneficia a los hombres como grupo social a través de la opresión y explotación de las mujeres, que se basa en gran medida en la división sexual del trabajo y es alimentado por el determinismo biológico de los roles de género construidos socialmente.

«Entiendo al patriarcado como sistema social en el que los hombres son los que poseen el poder y dominan los roles de liderazgo político, autoridad moral, privilegio social y control de la propiedad. El sistema de dominio patriarcal respalda los roles definidos sexualmente y limita particularmente a las mujeres a la esfera doméstica, mientras que los hombres dominan la esfera pública».

Peruth, NAPE / Amigos de la Tierra Uganda

La división sexual del trabajo organiza el trabajo de las mujeres en la esfera privada (el hogar) y también en los mercados y la producción agrícola y urbana. Las trabajadoras están concentradas en áreas que son una extensión del trabajo de cuidado (como la salud y la educación) y que son trabajos mal remunerados, precarios o informales, o por los cuales se les paga menos que los hombres que realizan el mismo trabajo.

Trabajo de las mujeres y naturaleza

En la explotación paralela del trabajo de las mujeres y la naturaleza, ambos se consideran recursos infinitos y elásticos: libres, fácilmente disponibles, de los que pueden apropiarse sin resistencia. Al mismo tiempo, el patriarcado se ampara en el tiempo, energía y capacidades (re)productivas de las mujeres para «compensar» por la destrucción y privatización de la naturaleza.

Esto es especialmente verdadero en tiempos de crisis y austeridad, cuando el trabajo emocional y físico no remunerado que llevan a cabo las mujeres es esencial para la familia y la comunidad, y cuando la naturaleza y los bienes comunes son mercantilizados, privatizados y extraídos en una magnitud catastrófica para el medioambiente, los ciclos naturales y las funciones ecológicas y las comunidades cuyos medios de sustento dependen de ellos.

De la misma forma, las empresas transnacionales, la agricultura industrial y los sistemas de energía sucia controlan y explotan la naturaleza y nuestros territorios, por lo que el derecho de las mujeres sobre sus cuerpos, vidas y trabajo es controlado por leyes regresivas, prácticas tradicionales e instituciones sociales (como la educación, la familia, la religión y el sistema judicial).

Debido a su aparente rol «natural», las mujeres se ven desproporcionadamente afectadas por la injusticia ambiental y social y las múltiples crisis que están interconectadas, tal como el cambio climático y el hambre. Esto es especialmente así para las mujeres de color, las campesinas y las mujeres indígenas, inmigrantes, de clase trabajadora y LBTQ. Tenemos que trabajar más y por más tiempo para producir suficientes alimentos, mantener los medios de sustento y proteger nuestros territorios. Y sin embargo, a menudo ni siquiera tenemos el derecho de ser las propietarias de las tierras en las que trabajamos. La sabiduría e identidad de las mujeres como productoras de alimentos y practicantes de la agroecología son atacadas y negadas por el sistema capitalista.

A pesar de esto, las mujeres son luchadoras, no víctimas. En gran medida como consecuencia de nuestra conexión histórica con la producción y reproducción de la vida en los territorios en los que vivimos y luchamos, las mujeres están asumiendo de forma colectiva una posición de liderazgo en las luchas de base por la justicia ambiental para desafiar el modelo económico injusto y ponerse al frente de la línea de resistencia y defensa de la naturaleza. Las mujeres son las protagonistas de la defensa de nuestros territorios y la lucha por la autonomía de nuestros cuerpos -nuestro territorio principal-, vidas y trabajo.

«Las mujeres ambientalistas en mi país y también en la región se encuentran ante el doble desafío de defender su territorio y defenderse solidariamente entre sí mismas del patriarcado. Parecen dos caras de la misma moneda: la destrucción del ambiente y el ataque a las mujeres, que se vuelve más virulento cuanto más nos defendemos.»

Natalia, Amigos de la Tierra Argentina

Desmantelamiento del patriarcado para obtener justicia

Para Amigos de la Tierra Internacional, la lucha para desmantelar el patriarcado y todas las estructuras de opresión dentro de nuestras propias organizaciones, estructuras y sociedades es crucial para el cambio de sistema que se necesita para hacer frente a las profundas crisis sociales y ambientales interconectadas actuales que afectan el clima, la alimentación y la biodiversidad.

El cambio de sistema implica crear sociedades basadas en la soberanía de los pueblos y la justicia ambiental, social, económica y de género.

Aspiramos a ser libres del patriarcado y todas las formas de opresión que explotan y desvalorizan a las mujeres, los pueblos y el medioambiente y avanzamos hacia una transformación radical de nuestras sociedades, de las relaciones entre los pueblos y las relaciones entre los pueblos y la naturaleza.

Y creemos que el feminismo de base y anticapitalista es clave para esta transformación, tanto como marco conceptual-ideológico-político  y como praxis y movimiento colectivo.

Tenemos por objetivo mostrar en la práctica que el feminismo puede construirse, y se construye, desde las bases, que es relevante para todas las mujeres y hombres que resisten la opresión y que representa la diversidad regional y las distintas realidades. Nuestro feminismo anticapitalista de base tiene una perspectiva de clase y se basa en las experiencias colectivas de las mujeres en las sociedades en las que nuestros cuerpos son marcados por las opresiones que se refuerzan mutuamente.

Tenemos una visión política fuerte y holística de la justicia y el cambio de sistema y construimos soluciones juntas como mujeres, como pueblos, como federación internacional y con nuestros aliados, como La Vía Campesina y la Marcha Mundial de las Mujeres que, como nosotros/as, están luchando para cambiar el sistema. Apoyamos de forma proactiva el liderazgo y protagonismo de las mujeres en nuestras estructuras, así como los espacios para que las mujeres construyan su poder colectivo.   

Creemos que desmantelar el patriarcado internamente y en el mundo en general solo es posible si construimos una comprensión compartida de su naturaleza y de cómo funciona con otras opresiones estructurales para organizar la sociedad. La capacitación y formación política en torno al feminismo y la justicia de género en todos los niveles de la federación son clave para esto.

Integramos el análisis y práctica de la Justicia de Género y Desmantelamiento del Patriarcado (JGDP)  en nuestro trabajo sobre defensores/as de los derechos humanos y defensores/as de los territorios (centrado en la prevención de violaciones, protección de los/as defensores/as y para llevar a los responsables a la justicia) y nuestros programas y acciones internacionales. Incidir a favor de una relación de armonía y respeto con la Naturaleza y los ecosistemas es políticamente incoherente con las relaciones de poder distorsionadas basadas en el género, el sexo, la raza/etnia, la clase y otras estructuras de opresión dentro de nuestras comunidades y sociedades. La gran carga del trabajo de cuidado que se impone sobre las mujeres o la violencia contra las mujeres va en contra de los valores de soberanía popular, agroecología, justicia climática y manejo comunitario de bosques. Sin justicia de género no hay justicia ambiental.

Cómo y por qué continuamos luchando

Cuestionamos las estructuras de poder en un mundo donde la violencia y la amenaza de violencia se usan para controlar a las mujeres que cuestionan su responsabilidad construida socialmente (pero promovida como determinada biológicamente) de llevar a cabo tareas invisibles y  no remuneradas de cuidado y en el hogar. En este mismo mundo, el trabajo productivo de las mujeres permanece invisible, es poco valorado y mal pago y el conocimiento milenario de las mujeres sobre los ciclos ecológicos, las semillas, las plantas medicinales, sobre cómo nutrir la biodiversidad y los bosques no se reconoce y se pasa por alto.

“Amigos de la Tierra Internacional se ha comprometido a un cambio del sistema que conlleva la lucha contra el patriarcado y por la justicia de género y el desmantelamiento del patriarcado y por lo tanto, exige poner fin a la explotación de los cuerpos y el trabajo de las mujeres.  Para nosotros/as, sólo será posible lograrlo cuando se reconozca a las mujeres como sujeto político, se ponga fin a la violencia contra las mujeres y la negación de sus derechos, y se revierta la división sexual del trabajo, que constituye la base material de la explotación y dominación patriarcal». 

Karin Nansen, Presidenta de Amigos de la Tierra Internacional

Nos cuestionamos a nosotros/as mismos/as y nos apoyamos mutuamente para reconocer colectivamente las relaciones de poder que reproducimos para, de esta forma, transformar nuestra federación y nuestras sociedades junto con nuestros aliados. Luchamos colectivamente por un mundo justo en un planeta vivo.